En la práctica letrada el llamamiento por parte del órgano policial instructor, como es lógico, no es inmediato a la detención, sino que transcurre un tiempo, que puede ser hasta varias horas, o incluso ser llamado por el órgano judicial antes de las 72 horas. En ese tiempo que va desde la detención hasta la entrevista con el abogado, el detenido puede haber sido interrogado por el órgano policial, y en ese interrogatorio sin presencia de su defensa letrada reconocer hechos que están bajo instrucción policial y/o judicial que pueden ir en contra de su propia defensa.

El letrado defensor sólo tendrá conocimiento de ello cuando se le dé traslado de las actuaciones, su análisis y estudio, y en su caso tras la entrevista con el detenido/investigado.

¿Cuál es la estrategia de defensa del abogado ante esa declaración «espontánea»? ¿Son hábiles dichas declaraciones para enervar la presunción de inocencia?

La jurisprudencia constitucional, y la de nuestro más Alto Tribunal son claras al respecto, y así valga por todas la SAN 3/2014, de 3 de febrero de 2014, siendo ponente el Ilustre Magistrado don Juan Ramón Saez Valcárcel, en la que declara las declaraciones policiales inhábiles para desvirtuar la presunción de inocencia, puesto que el atestado solo tiene valor de mera denuncia, debiendo, por tanto, considerarse como un objeto y no como un medio de prueba; y es que, sólo las declaraciones prestadas ante el juez instructor o en la propia vista de juicio, siempre que se haya respetado el principio de contradicción y el derecho de defensa, podrán ser las declaraciones del investigado/acusado fundamento para condenar; y ello, en tanto que la diferencia entre las declaraciones ante el órgano policial y el judicial es el hecho de que el detenido está en «un espacio de constricción, en un contexto inquisitivo y secreto donde no pueden realizarse las garantías del proceso, incluso que contradice sus principios sustanciales (contradicción, imparcialidad, derecho de defensa y publicidad)«

Las declaraciones ante la autoridad judicial, que es el único órgano que está dotado de imparcialidad e independencia, aseguran la fidelidad del testimonio y su eficacia probatoria, y son éstas las que alcancen carácter de prueba por sí.

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